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4/11/09

Universee

La neta estaba escribiendo algo sobre el Día de Muertos y Halloween desde ayer, pero mejor me decidí a postear ésto que hice en la clase de computación el día de hoy :)
Lo de ayer, tendrá que esperar.


Whatevaaa...

~~~~~

Corría con desesperación por aquel peligroso y oscuro camino hecho de cristal. Su respiración era agitada y agresiva, no por correr, sino porque al darse cuenta que su objetivo se alejaba más y más de ella, su corazón saltaba aterrado.

Quería que todo aquello terminara de una vez; el temor a caer no tenía nada que ver: de hecho, si llegara a suceder no habría ningún problema pues encontraba tan hermosa aquella brillante oscuridad que la rodeaba que no importaba si la caída tenía fin o no, disfrutaría el trayecto hasta su muerte. Sin embargo, odiaba ignorar el tamaño del camino que tenía para desenvolverse pues dicha oscuridad y la horrible transparencia del camino de cristal le impedían imaginarlo. Aquella impotencia la sacaba de sus casillas.

La luz azulada que comenzó a perseguir al inicio del recorrido ya era casi imperceptible para sus débiles ojos, así que fatigada comenzó a aminorar la marcha hasta convertirla en una tranquila caminata. Cuando hubo parado por completo bajo la mirada, decepcionada de haber fracasado y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos con lentitud. Sus extremidades comenzaron a temblar y para evitar un golpe físico, menos duro que el que las lágrimas manifestaban, se sentó y hundió la cabeza entre los brazos.

Una eternidad o una milésima de segundo, nunca lo supo, pero cuando levanto la cabeza se quedo con la boca abierta ante lo que vio frente a ella: una lluvia de meteoritos multicolores llenaba el espacio, dejando detrás de sí un rastro de pequeños puntos que destellaban suavemente. Fue en ese momento cuando su corazón fue invadido por las sensaciones más cálidas que jamás hubieran habitado en ella.
Cuando una enorme sonrisa atravesó su rostro, supo que debía lanzarse detrás de aquellos maravillosos meteoritos y seguir el rastro que dejaban a su paso. Sin miedo a nada y con una fortaleza renovada estiró los brazos, cerro los ojos y dio un gran salto hacía el negro vacío. En lugar de caer, se quedó flotando entre aquellos diminutos colores y antes de que su cerebro comprendiera lo que su cuerpo estaba haciendo, comenzó a surcar el infinito con una gracia divina, envuelta en una danza solitaria pero increíblemente conmovedora.

Cuando abrió los ojos nuevas lágrimas, ésta vez de felicidad, rodaron por sus mejillas. Una emoción fuera de lo normal la poseyó al escuchar a aquella luz de color azul susurrarle al oído un tierno: “Te amo”.


28/3/09

Alcohol + celular = mierda cotidiana

He considerado la posibilidad de que yo sea una persona alcohólica, mucha gente me lo decía (hasta mi madre) pero nunca quise creerlo, pero la realidad llega a revelarse de diversos y misteriosos modos. Un día bien crudo decidí refrescarme el gañote con un poco de agua, pero me di cuenta de que no tenía agua, mi sorpresa fue grande cuando descubrí en mi refrigerador restos de gorditas (de las de maíz, no de mujeres), un pedazo de ate, dos chiles cuaresmeños y tres chelas, me dije, ni pedo será la chela.

Mientras desayunaba un delicioso cigarro acompañado de mi chela, chequé mi celular… y oh sorpresa había mandado una buena cantidad de mensajes románticos y tiernos, los cuales no recordaba haber redactado. Entonces descubrí que en mi borrachera me sentí cual Bécquer expresándole mi amor a una mujer. En ese momento tan crucial descubrí que, sí, efectivamente soy un alcohólico, y que mi única manera de expresar mis sentimientos es estando en un estado de inconmensurable ebriedad, y además por un medio tan impersonal como lo es el celular… por eso doy gracias a dios cuando no tengo crédito.

Muchas otras personas sufren esta experiencia ya sea a través de mensajes de correo electrónico, hi5, messenger, llamadas telefónicas, etc. no me sorprendería que el twitter también sirviera para estos crueles propósitos del destino. Lo bueno es que he aprendido a aceptar las consecuencias de estos actos impulsivos y sin sentido.

Para acabar de chingar las cerveceras (con sus planes de dominio mundial) han diseñado una nueva promoción en la cual si compras un doce pack más quince pesos te dan treinta pesos de crédito, esto no puede tener más que el malévolo propósito de dejarme en ridículo (una o dos veces más). Arrrggh, ¿Por qué el destino y las transnacionales conspiran contra mí?

Es por ello que les recomiendo no sentirse sendos poetas en estado de ebriedad, no hay nada como expresar lo que uno siente en completo estado de sobriedad.

4/3/09

De donde se habla de lo cursi

La verdad es que soy bien cursi. Se me da por naturaleza superficial ser cursi y tengo la teoría de que mi cerebro hace rápidamente conexiones neuronales con la gente que me incitan a decir cursilerías o pensarlas. Sin embargo, he de serles honesto. La cursilería para mi tiene un tanto de erotismo. Me es imposible imaginar el crear una frase o acción cursi sin tener en mente mínimo un concepto de belleza física en el objeto que sufrirá la cursilería –porque el recibir cursilerías, es siempre un sufrimiento, peor ese tema lo dejaré para otro post.

Todo viene a que últimamente, he andado pensando en frases cursis inspiradas en modelos de belleza –y uno específico en especial cuyo nombre no diré, pero que ha sido objeto de muchos textos míos. Es un sentimiento raro que emerge en mi cada que veo una escena que tiene algo de erotismo y a la vez algo de bello. Si, confieso que ver a las parejitas fajoneándose en las islas de CU me enternece el corazón, siempre y cuando sean dos personas que considere atractivas –aunque esto no cumple para las parejas gays, puesto que con ellos no importa si son feos o bellos, siempre me inspiran una cierta ternura. Es por eso que les tomo fotos aunque me digan que parezca un stalker o voyerista. Pero ¿cómo puedo dejar pasar la oportunidad de rememorar aquellas escenas tiernas que me estrujan el corazoncito de pollo que tengo y que a la vez me recuerdan que mi escape de cursilería es limitado? Sí, es un poco extraño, pero también me dan celos al verlos. Es parte de lo cursi. Decir algo encantador y ridículo –porque lo cursi lleva consigo bastante de ridiculez- para poder obtener la atención deseada del objeto que nos llama la atención.

Ahora, si tomamos en cuenta que lo cursi debe ser liberado, podemos fácilmente imaginarnos que no liberarlo creará una gran presión del flujo de cursilería que tenemos internamente. Esta cantidad exorbitante de corazoncitos, ositos de gomitas, peluches imaginarios y lo que se les pueda ocurrir, puede ser contra producente. Se vuelve de esta manera en el momento que entra la inseguridad –ya sea por autoestima, celos, impotencia, usted nómbrelo- se empieza a consumir todo aquel bonito sentimiento de mariposas hacia el propio amor –porque uno se enamora del propio amor a ratos en vez de alguien- y se convierte en algo potencialmente peligroso. Se convierte en una locura depresiva donde andamos arrastrando la cobija y tirándonos para ver si alguien nos levanta. Sí, empezamos a azotarnos diciendo cosas como “nunca volveré a tener sexo” o “es que en el mundo todos tienen a alguien menos yo” y cosas irracionales de esa índole que a ratos son más bien graciosas que dramáticas, siempre y cuando no le estén pasando a uno. Entonces, el no liberar la cursilería puede ser peligroso, porque en el caso de tener a alguien con quién sí pudiéramos liberarla, pero no se lleva a cabo esa liberación por múltiples razones –mala aceptación de la cursilería, que esta sea impropia, inseguridad en uno mismo, o simplemente porque el objeto receptor de la cursilería no está presente-, puede llevar a deteriorar la relación con el objeto receptor. Sí, uno empieza con paranoias y lo que era un bonito sentimiento se convierte en algo parecido al odio y al chantaje.

Así pues, yo propongo que no nos quedemos con las ganas de decir cursilerías o frases amorosas, porque son como el jamón en medio del desierto: se echa a perder más rápido de lo que canta un gallo. Digamos a nuestros objetos amorosos lo que queramos decir, y si no tenemos objetos amorosos, escribamos cartitas cursis dirigidas a quien sea para sacarles copias y repartirlas entre gente de nuestro agrado –tanto intelectualmente como físicamente. Igual y así conseguimos algún jugoso trato con alguien de nuestro agrado y ya no tendremos que ponernos a decir cursilerías a extraños.