Detesto lo hermoso de los sueños, lo verídico de su ficción, lo irreverente de eso cuyo nombre es ilusión. Lo que expreso es solo el efímero deseo de símbolos coherente. Es muy posible que en este post no encuentren ese método definido como “sentido”. Independientemente de ello, quiero que quede de por medio mi intención por cumplir con el reto impuesto.
El mundo posee un espectro enorme de cuestiones terribles; pero en este momento me enfoco en el lúdico concepto de los sueños. Esos sueños que con su increíble similitud con el universo mismo confunden lo primitivo de los sentidos. Eso que enmudece lo existente y envuelve en misterio lo que viene. Esos momentos en donde sientes y vives. Debo decir que en todo esto se pone presente un sentimiento positivo.
“Detesto” es un término fuerte. Diremos que no es odio lo que siento; sino un sentimiento de perdición en función de los chistes cósmicos del Universo y su recipiente onírico. Es como un montón de sentimientos opuestos; pero en complemento.
Lo que odio es el triste olvido de un excelente encuentro ficticio. El perder el sentido de un momento que no se dio. El recuerdo torcido de símbolos y signos perdidos en un torbellino de ilusión. Como el mismo tiempo y su similitud inherente con nuestro ser.
Eso es lo que detesto de los sueños…