Y puede que sea así. Desde pequeños escuchamos a nuestros maestros frustrados, a nuestros papás encolerizados, a nuestros abuelitos indignados y hasta ese primo o prima mayor, que es nuestro ejemplo a seguir, derramando lágrimas de impotencia; todos reclamando con odio al gobierno, al presidente, a los diputados y senadores, a la suprema corte, a las personas que dirigen nuestro país. Y es así que crecemos con la idea que el gobierno y los políticos pertenecen al apartado de la sociedad que lleva impregnado en cada célula del cuerpo los antivalores del hombre actual.
Luego, cuando ya pensamos un poco más por nuestra cuenta, leemos y nos enteramos de las cosas que suceden dentro de nuestro país: secuestros, robos, corrupción, impunidad, injusticias... y caemos en cuenta; era cierto todo lo que se decía de esas personas, son incompetentes e inmorales. Se genera en nuestra mente la desconfianza y la decepción, pues muy en el fondo creíamos que no todo era como la gente decía. Y continuamos creciendo, ahora con esa idea reafirmada: "el gobierno apesta, el gobierno apesta, el gobierno apesta..."
Y nos hacemos enemigos de los proyectos, de las propuestas, de todas las acciones que salgan de la boca de nuestro sistema político.
Hoy leí ésta frase:
"Nuestro gobierno no será nuestro amigo, pero tratarlo indiscriminadamente como nuestro enemigo solo nos pejudica"
Y es que nuestro odio nos cega tanto que no alcazamos a ver que detrás de lo que parece una propuesta económicamente descabellada puede encontrarse una olla de oro llena de beneficios para nosotros, para la sociedad. Y si en todos y cada uno de los proyectos e ideas propuestos por nuestro gobierno analizaramos no solo lo negativo, sino también lo positivo y lo que se puede mejorar, descubriríamos que no todos los servidores públicos actúan en beneficio suyo... que también hay quienes todavía ponen el bienestar de la mayoría antes que el propio.
Quizá ese es el mayor defecto de la sociedad mexicana: a nadie le importa lo que le pase al de al lado si nosotros estamos bien, incluso siendo a costa de otro.
Y hablo en general porque en México la mayoría gana, y en ésto la balanza se inclina un poquito más hacía un lado que al otro.
Nos quejamos de los políticos, pero nosotros somos iguales, a menor o mayor escala, siendo figuras públicas o completos desconocidos, somos lo mismo en escencia.
¡Qué triste!
Y todo continúa dependiiendo de nosotros, de nadie más.
No sé si soy ingenua, pero yo aún confío en que mi país puede ser mejor. Mejor que ahora, mejor que nunca.
TEMA PROPUESTO: Medio Ambiente
