El post de GeZeta el otro día con su videíllo me puso a pensar en lo adictos que somos al internet. Es una verdadera adicción. Una que ha tenido sus cosas buenas que no he de negar, pero una adicción al fin y al cabo. Incluso para armar este post -que es una escapatoria a mis obligaciones cotidianas- me han estorbado por dos horas y media el mensajero y el Twitter. Sí, entre que si suena, que si me hablan, que si platico con fulanito de tal, no termino de construir una frase decente.
Empiezas a notar que algo está mal cuando te comunicas mejor con alguien por internet que en persona. Peor es que te comuniques mejor con alguien por Twitter que por mensajero. Tu blog se vuelve una especie de diario que compartes para que la gente te aplauda o te levante del suelo dependiendo de tu personalidad. Notas que no puedes dormir antes de las doce de la noche sin haber hecho un post y que lo primero que haces al despertar es prender la computadora antes que la luz.
Pero no todo es malo. Los adictos no me dejarán mentir que conseguir información se vuelve algo natural para el adicto al teclado. No hay cosa que no puedas investigar y encontrar con tu poderosísima herramienta llamada Google combinada con un poco de perspicacia y buen uso del lenguaje para plantearle tu duda a aquello que más se acerca a ser un ente omnisciente. Están los cuates cibernéticos que luego los conoces en el mundo exterior y te preguntas porque carajos nunca los habías visto.
Entonces habríamos de hacer algún tipo de balance de beneficios contra sacrificios que nos ofrece el internet. Como pros tenemos: información a disponibilidad; deslindarse sin quedar mal de la gente haciéndose notar por uno o dos mensajes por el mensajero o un tweet; entretenimiento gratis y a alcance de todos; facilidad para compartir medios. Los contras: te empalideces, engordas y pierdes condición física; tu vida amorosa se va a pique junto con la laboral y/o escolar; en la vida real empiezan a faltarte emoticones para expresarte bien; cuando surge alguna duda te dices que lo buscaras en google cuando tienes una biblioteca enfrente; cuando ves una computadora te entran unas terribles ansias de checar tu correo o si hay alguien conectado en el mensajero; cuando hay un día en el cual no tienes computadora o acceso a internet entras en pánico; has dejado de leer y el concepto de papel te es tan ajeno a ti como el agua le es al aceite.
Evidentemente hay más contras. Entonces, ¿por qué sigues aquí? Pues porque soy tan adicto, que espero encontrar la solución a mi problemática existencial escribiendo un post.
Ustedes, ¿son tan adictos como yo?
Empiezas a notar que algo está mal cuando te comunicas mejor con alguien por internet que en persona. Peor es que te comuniques mejor con alguien por Twitter que por mensajero. Tu blog se vuelve una especie de diario que compartes para que la gente te aplauda o te levante del suelo dependiendo de tu personalidad. Notas que no puedes dormir antes de las doce de la noche sin haber hecho un post y que lo primero que haces al despertar es prender la computadora antes que la luz.
Pero no todo es malo. Los adictos no me dejarán mentir que conseguir información se vuelve algo natural para el adicto al teclado. No hay cosa que no puedas investigar y encontrar con tu poderosísima herramienta llamada Google combinada con un poco de perspicacia y buen uso del lenguaje para plantearle tu duda a aquello que más se acerca a ser un ente omnisciente. Están los cuates cibernéticos que luego los conoces en el mundo exterior y te preguntas porque carajos nunca los habías visto.
Entonces habríamos de hacer algún tipo de balance de beneficios contra sacrificios que nos ofrece el internet. Como pros tenemos: información a disponibilidad; deslindarse sin quedar mal de la gente haciéndose notar por uno o dos mensajes por el mensajero o un tweet; entretenimiento gratis y a alcance de todos; facilidad para compartir medios. Los contras: te empalideces, engordas y pierdes condición física; tu vida amorosa se va a pique junto con la laboral y/o escolar; en la vida real empiezan a faltarte emoticones para expresarte bien; cuando surge alguna duda te dices que lo buscaras en google cuando tienes una biblioteca enfrente; cuando ves una computadora te entran unas terribles ansias de checar tu correo o si hay alguien conectado en el mensajero; cuando hay un día en el cual no tienes computadora o acceso a internet entras en pánico; has dejado de leer y el concepto de papel te es tan ajeno a ti como el agua le es al aceite.
Evidentemente hay más contras. Entonces, ¿por qué sigues aquí? Pues porque soy tan adicto, que espero encontrar la solución a mi problemática existencial escribiendo un post.
Ustedes, ¿son tan adictos como yo?