Primero que nada, un cordial saludo a los que forman parte de este blog, se nota que son personas finas y de mundo, así es que me siento un poco mal de no serlo yo también…
Hace poco leí sobre un síndrome del cual ya venía sospechando su existencia, reconocí que yo lo padezco y ya es hora de confesarlo. Entonces, el propósito de este post es confesar, para que me vayan conociendo mejor, que sufro de una terrible enfermedad, que es la de sentirme más cabrón que alguien al momento de manejar. Siento que en otra vida fui conductor de F1, entonces todas esas vivencias imaginadas las transmito a mi vida cotidiana, rebasar donde no se debe, acelerar cuando alguien trata de rebasarme, frenar y acelerar en las curvas, mentarle la madre a los peatones, etc. Entonces mi lógica es que entre más rápido mejor, cual Toretto viviendo cada segundo como si la existencia tuviera un cuarto de milla.
Esto podría llegar a ser mortal, lo tengo claro (sobre todo después de una noche de copas en el club de golf) pero qué más da, de todos modos mi auto es un chevy el cual se haría caca impactando con una bicicleta. Un análisis objetivo revela que la sociedad acepta los accidentes de auto como algo natural, incluso si llegan a ver alguno sienten la satisfacción de que no fueron ellos los que se pusieron en la madre; esto quiere decir que yo podría cumplir una función en la sociedad, si apareciera en la nota roja haría que la vida de alguien mejorara, dirían a sus amigos y familiares “no mames, mira pobre cabrón como quedo”, pero muy en el fondo se dirían “fium que bueno que no fui yo”, entonces habiendo cumplido una misión (aunque mi éxito sea efímero como la “macarena” o el “1,2,3”) podría pasar a formar parte de la élite que vive en los campos santos (tomando en cuenta que gracias a la transición demográfica la tasa de mortalidad ha disminuido) tal vez para algunos represente una desventaja estar muerto, pero bien dicen los cristianos que “hay que morir para vivir”, que fumados, pero de verdad que cuando estoy al volante eso adquiere un poco de sentido.
Viviendo en las grandes ciudades es inevitable sufrir estas ansias de manejar a lo pendejo, cada vez que te gritan “fíjate puto” algo se mete en tu sangre y célula por célula llega a tu cerebro, este se bloquea y millones de neuronas mueren con el acceso de furia, y esta es la parte negativa de la enfermedad, ya que no pones en riesgo tu vida por el bien de los demás sino que lo haces por simple vanidad, el acelerador se mete a fondo y el clutch mágicamente sale en el momento indicado, entra la segunda, la tercera y extasiado pasas al mamón que se atrevió a retarte (ya que normalmente quedan varados 300 metros después, dependiendo del tráfico y otras pequeñeces) entonces sientes que la ida al oxxo no fue en vano.
Si alguien sufre este síndrome, no tenga cuidado, a menos que no pase el alcoholímetro, porque una cosa es arriesgar la vida y otra pagar una multota… salud